5 aspectos a tener en cuenta para escoger una actividad acuática para los pequeños de casa

Cinco de la tarde de un día cualquiera, de un mes cualquiera. Un grupo de 6 niños de 3 años, esperan con sus madres para empezar un cursillo para aprender a nadar. Hay angustia, inseguridad, y llantos. Por fin, llega un técnico que, sin presentarse a los padres ni a los niños, pasa lista y conduce los niños hasta cerca de la piscina, donde otro técnico los espera.

Pone unos brazaletes a cada niño y los hace sentar en el bordillo de la piscina. El espacio es frío, la situación es fría, el ambiente es frío, y el agua está fría. Hay llantos, sollozos y el técnico coge un niño que no llora, sonríe y parece contento. Lo pasea unos metros arriba, unos metros abajo y lo vuelve a sentar junto a los otros niños.

Coge por los brazos a otra niña, llorando y llamando a mamá. El técnico, la pasea unos metros arriba, unos metros abajo y la devuelve a su lugar.

El próximo niño no quiere entrar al agua; se resiste, pero finalmente el técnico lo coge y lo pone adentro el agua. Hay otra monitora de apoyo, vigila que los niños sentados no se tiren al agua, pero no los consuela, no los anima….

A lo largo de los 45 minutos, cada niño ha podido repetir unas 5 veces el ejercicio de hacer unos metros arriba unos metros abajo dentro el agua con la monitora, con los brazaletes puestos y alguno con lágrimas a los ojos.

Es hora de acabar, adiós y hasta mañana, donde se repite exactamente la misma situación, los mismos llantos y las mismas angustias, tanto por parte de los niños como de los padres.

Os suena? Podría ser perfectamente un relato de cuando erais pequeños, verdad? De los años 80? Pues es un relato de un día de este verano, de julio del 2018, en una de tantas piscinas donde se hacen cursillos para aprender a nadar….

 

Ante esta situación, nos gustaría compartir nuestras reflexiones según nuestra filosofía de trabajo:

1- Uno de los principios básicos para aprender cualquier actividad es la práctica, y en el caso de cualquier actividad física y/o motriz este principio se acentúa. Los niños aprenden a nadar estando dentro del agua, no sentados en el borde de la piscina.

Si una sesión dura 45 minutos, es necesario que la mayor parte del tiempo los niños estén dentro del agua, experimentando, observando, descubriendo, aprendiz.

2- El medio acuático genera inseguridad a mucha gente, y también miedo, sobre todo por su desconocimiento. Así que es muy necesario e imprescindible que todo lo que rodea la sesión sea un entorno amigable, seguro, que genere confianza, y que facilite la aproximación del niño al agua, sin llantos, sin traumas.

Los profesionales tienen que acompañar el llanto del niño transmitiéndole seguridad, y si es necesario, dejando que las madres estén cerca. Si la madre confía en el profesional, al niño le será más fácil el aprendizaje y el acercamiento al agua.

3- Por el logro del desplazamiento autónomo en el medio acuático, hace falta que el niño experimente la flotación real de su cuerpo al agua, y no distorsionada por material auxiliar.

En caso de usar brazaletes, como herramienta de seguridad, hay que limitar su uso a un cierto tiempo dentro de la sesión. Os remito a un artículo pasado donde se habla del material auxiliar.

4- Los profesionales que trabajan con niños, sea cual sea su profesión, tienen que tener la plena confianza de los padres, y consecuentemente, también tendrán la de los niños.

Cuando un estado de angustia perdura a lo largo de toda la sesión y hasta continúa en la siguiente sesión, hace falta que tanto el profesional como el padre encuentren una solución conjunta para que el niño aprenda a nadar disfrutando.

5- El juego es la clave para el aprendizaje durante la primera infancia, hay que utilizarlo como herramienta de aprendizaje de la natación, y precisamente el agua ofrece un abanico muy amplio de actividades donde la diversión puede estar garantizada.

En definitiva, los saltos, las salpicaduras, las inmersiones, los desplazamientos, las flotaciones tienen que ser acompañados de sonrisas, de diversión, y sobre todo de respeto por el ritmo individual, tanto motriz como emocional de cada niño.

Mireia Parcet
Lic. En Ciencias de la actividad Física y el Deporte
Especializada en actividades acuáticas por bebés y niños

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