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Maria Goday: La desconexión con nuestro ser, la prisa y el juicio no nos ayudan a poder criar con respeto

Criar de manera respetuosa es un reto diario al que nos enfrentamos como padres y madres. Como explica Maria Goday, doula, acompañante en primera infancia, mediadora de conflictos y educadora social, la rapidez del día a día, el cansancio, la “mochila personal” de cada uno, etc. pueden dificultar esta tarea, e impedir que la comunicación con nuestros hijos e hijas sea provechosa.

Hoy entrevistamos a esta madre que, durante su embarazo comenzó a tener muchos dilemas sobre la educación e hizo un giro profesional para acompañar a las familias en la tarea de educar.

 

1.¿Qué significa criar de forma respetuosa?

Para mí, criar de forma respetuosa incluye, por un lado, por valorar y proporcionar cuidado al niño y, por otro, el autocuidado personal. Valorar en el sentido de dar valor al niño, a su sabiduría, es decir, tener pura confianza en él.

Criar de forma respetuosa es promover espacios cómodos donde ellos puedan desarrollarse, con calma y a su ritmo, con la presencia y observación del adulto.

A menudo desde el adulto, nos hace falta revisar nuestros miedos, verificar si afectan realmente a la seguridad del niño o es un miedo nuestro, a fin de no transmitirla y poder aportarle confianza plena, ya sea en mover su cuerpo, mover-se por el espacio, la comunicación que usamos, etc. A partir de esta crianza respetuosa, los niños aprenden a creer en sus percepciones, saberes y sensaciones.

Para mí, el respeto también pasa por el cuidado de su cuerpo. Es decir, en los momentos de cambio de pañal, de ropa, del baño, etc. es importante pedir permiso al niño para tocar su cuerpo, así como explicarle qué lev amos a hacer. A mí, me gusta decir “poner palabras”.
Creo que esto es una enseñanza para la vida, pues acompañamos a respetar, querer y a conocer su propio cuerpo.

Es cierto que los niños crecen y, a menudo los adultos dicen “¿Y luego qué?. Pues para mí es lo mismo, confianza y respeto.

Y la comunicación respetuosa es una gran aliada para todos. Uno de los demás factores que he mencionado al principio es el autocuidado de los adultos. Este autocuidado, pasa por responsabilizarnos de nosotros mismos, por estar bien y poder acompañas a los niños, adolescentes jóvenes etc. Desde la confianza, la firmeza, la convicción, el respeto y sobre todo con amor.

Por eso hace falta buscar espacios para poder cuidarnos físicamente y, si nos pasan más coses, poder ver cómo transformarlas (esto ya es otro aprendizaje vital para nuestros hijos e hijas). Os suena la frase:”es que lo he dicho mil veces y no funciona!”. ¡Ep! Aquí tenemos una señal, necesitamos transformar algo, responsabilizarnos (somos el adulto) para ir transitando lo que pasa. ¿Y ellos qué? Podría quedar colgado, pero si nosotros promovemos el movimiento, ellos también harán cambios. Y si queremos que sean adultos responsables, respetuosos, con autoestima, etc. Nosotros debemos saber actuar desde este punto e ir mejorando y dejando ir lo que no nos ayuda. Reconozco que es un esfuerzo para toda la vida, pero creo sinceramente que es una apuesta para el presente y para el futuro de nuestros niños, adolescentes, jóvenes y nosotros mismos.

 

2. ¿Cuáles son las claves para conseguirlo?

Para mí la empatía y la comunicación son la clave, ya que son la forma que tenemos de transmitir de forma verbal y no verbal. A menudo, tenemos automatismos instalados y, sin querer, no promovemos la autoestima o quizás creamos rivalidades entre hermanos o alumnos, etc.

Al ser automatismos, cuesta modificarlos, pero, como decía anteriormente, es importante responsabilizarnos. Me explico. Cuando decimos frases que no tenemos claro si acompañan o no, o notamos que ciertas conversaciones no acaban de ser útiles, un truco sería pasarlas por el filtro del adulto (como dice la compañera Magda Clota). ¿Qué quiero decir? Por ejemplo, un día un adulto preocupado porque su hijo tenía que empezar P3 y aún llevaba pañal me decía: “le bajo los pantalones, lo siento en el WC y, ¡no hay manera!”. Si lo pasamos por el filtro del adulto, sería: si te bajan los pantalones y te sientan en el WC, es probable que no te salga el pis. También quisiera destacar que los niños dejan el pañal cuando su cuerpo está preparado y no cuando a los adultos nos conviene. Querría hacer énfasis en el uso de la empatía, y si nos podemos comunicar desde este otro punto, seguramente podremos ser más respetuosos.

Otra clave es el no juzgar. Hacer juicio nos pone peso, culpa y desde ahí cuesta resolver lo que nos pasa. Yo invito a describir las situaciones de forma literal. Es un esfuerzo ya que hay que observar y escuchar muy activamente para poder describir y no poner nuestro juicio en las frases.

 

3. ¿Cuáles son los obstáculos más habituales que dificultan este tipo de crianza?

La desconexión con nuestro ser, la prisa y el juicio no nos ayudan a poder criar respetuosamente. A menudo el día a día, la inmediatez de las acciones, esta velocidad frenética tanto por necesidades reales como por otras impuestas, hacen que no pensemos en cuidarnos teniendo presente que somos adultos acompañantes de nuestros hijos e hijas.

Y es necesario que nos cuidamos, que tengamos nuestros espacios de calma, reflexión, de conexión física, mental y emocional para saber cómo estamos y qué necesitamos. Quizás 15 minutos al día, es importante poderlos respetar para saber cómo estamos y qué necesitamos.
De esta manera, podremos poner palabras y acompañar a nuestros hijos e hijas más respetuosamente, porque nos habremos autorespetado y autocomprendido; y eso se transmite. Por un lado, sabremos qué nos pasa/necesitamos para ponernos manos a la obra y por el otro lado, nos hará de palanca para poder acompañar sus emociones, nombrarlas y sostenerlas para que las puedan transitar.

Desgraciadamente, el sistema no nos ayuda. Durante años, a las mujeres nos han descreído y ayudado a la desconexión con nuestro cuerpo, con nuestras intuiciones, percepciones, saberes, etc. pero también veo que estamos en movimiento. Y a los hombres, a menudo, tampoco les es fácil pues hay muchos patrones, contradicciones, pocas palabras, etc. Por ello, creo que somos la generación de romper con estos patrones y la comunicación respetuosa es una buena fuente de poder, tanto para los adultos como para los niños, adolescentes y jóvenes.

Con respecto al juicio y al derecho a opinar gratuitamente sin pensar si esa madre o padre necesita tu opinión o consejo, volvemos de nuevo a la confianza en las intuiciones, percepciones, etc. y al hecho de darnos permiso para usarlas. Por eso es importante estar conectadas, poder compartir en tribu, podernos disfrutar, para poder criar respetuosamente.

 

4. Hablas mucho de la importancia de una comunicación enriquecedora y positiva con nuestros hijos… ¿Cómo llegamos hasta aquí?

En primer lugar, creo que debemos poder revisar cómo nos va el día a día, si hay momentos del día que se hacen más pesados ​​en los que quizás explotas, notas que acumulas rabia, etc. ya sea con nuestros hijos e hijas, o entre iguales. Es posible que la comunicación falle, que no esté circulando fluidamente, que la confianza vaya disminuyendo, el respeto también…

Creo que llegar hasta aquí es un esfuerzo. Podernos dar cuenta de que algo falla, que no nos hace estar cómodos, permitirnos poner conciencia y tratar de buscar alguna forma para transformarlo. Sé que requiere de una buena dosis de energía. Dicho así parece sencillo, pero creo que hay entrenamiento y, según cómo nos vaya el día y como les vaya a los niños, adolescentes, jóvenes y entre iguales, la situación puede complicarse. Pero no por ello debemos perdernos la confianza y la autoconfianza para mejorar.

Yo invito a las familias a reflexionar, les ofrezco herramientas y las animo a usarlas cuando llegamos a casa, en la escuela, etc. También sé, por experiencia propia, que muchas veces volvemos a caer en frases poco acertadas, pero nos tenemos que animar a “fantasear” en cómo lo hubiéramos podido decir, construyendo con el respeto, a fin de que la próxima vez quizás nos saldrá, o no, pero en otro momento seguramente sí.

Cabe decir que este tipo de herramientas es mejor practicarlas primero en momentos de calma, para que cuando vengan momentos de tensión, enojo, etc. tenerlas ya más interiorizadas y sentirnos más preparados para usarlas.

 

5. Háblanos un poco más sobre el acompañamiento que ofreces a las familias…

Un acompañamiento donde trabajamos la empatía, aprendemos a escucharnos y a sentirnos, para poder escuchar y sentir a nuestros niños, adolescentes, jóvenes y entre iguales. Trabajamos herramientas de comunicación a través de casos cotidianos.

Por poner un ejemplo. Si lo que queremos abordar es cómo acompañar a los niños cuando se desbordan, primero notamos que nos pasa a nosotros cuando nos desbordamos; cómo reaccionamos según cómo nos tratan. A partir de aquí es más sencillo entender cómo se siente nuestro hijo o hija en situaciones similares (el filtro de adulto que hablaba antes). Así también podemos comprender cómo se sienten y perciben nuestras palabras y reacciones.

 

6. ¿Qué nos dices, de los límites? ¿Cómo de importantes son para criar con respeto?

Los límites, para mí, son importantes, pero no puestos desde el poder y el miedo para que nos hagan caso; eso es abusar. Sino poder explicar la consigna con convicción, con firmeza y sobre todo muy clara y con pocas palabras. A menudo nos empezamos a justificar y dar explicaciones, lo que hace que se despisten o dejen de escucharnos. Esto nos molesta mucho, y es posible que estalle la discusión.

Una madre me decía: “¿Y si pasan de nosotros y no nos hacen caso? ¿Castigamos?”. Creo que debemos enseñar a reparar lo que no nos ha ido bien. El uso del castigo, o sea, privar de algo para que aprendan, o pedir perdón así a la ligera, o ponerlos a pensar, para mí, no repara.

Por un lado, puede que te hagan caso por miedo o para no escucharte más. O bien dicen la palabra salvadora, pero no tengo claro que así se aprenda. Lo mismo ocurre cuando los ponemos a pensar; sin querer fomentamos un discurso del odio y la venganza pues se quedan pegados en la incomprensión. Haciendo un ejercicio de memoria, podéis recordar cómo os sentíais cuando os reñían de pequeños o cuando os riñen. ¿Qué le decíais a vuestro padre o madre, o qué decís internamente? Entonces, ¿cómo lo hacemos? Pues tomando medidas que les ayuden a reparar el daño, que los cuiden.

Por ejemplo, si un niño derrama un vaso de agua, una opción es una bronca o te quedas castigado sin helado o ambos. Pero, otra opción es ir a buscar un trapo y que él pueda limpiar el agua derramada. Soy consciente de que esto, como adultos, requiere creatividad y agilidad, pero al final queremos que nuestros niños sean adultos que se sepan buscar la vida, con herramientas para desarrollarse con confianza, respetuosos, etc. y está en nuestras manos poderlos acompañar.

Por lo tanto, los límites son consignas cortas y claras expresadas desde el respeto, para que puedan aprender lo que nosotros necesitamos transmitir.

 

7. A veces, como padres, estallamos porque se nos agota la paciencia. ¿Podemos enfadar-nos, sin hacer daño?

Sí, es un cambio de paradigma. De hecho, uno de los mecanismos que nos sale cuando nos enfadamos es: te voy a hacer daño a ver si de esta manera eres capaz de entenderme, ya sea hacia un niño, adolescente o entre adultos.

¿Cómo podemos hacerlo de otra forma? En primer lugar, dándonos el permiso para podernos enfadar y sentirnos enfadados. Del mismo modo que validamos las emociones de los niños/adolescentes, ¿porque no podemos validar nuestras?

Una vez nos hemos dado el permiso, hay que concienciarnos sobre cuál es nuestra manera de mostrar el enojo. El cuerpo nos puede ayudar, saber cómo se nos pone cuando nos enfadamos, y también pensar en qué momentos del día estamos más predispuestos a enfadarnos, en qué situaciones, etc. Debemos podernos parar a pensar, para poner conciencia. Una vez hemos podido identificar estas pistas, hay herramientas comunicativas que nos ayudan a expresarnos, enfadados, pero sin hacer daño. Una de ellas es describir la situación sin poner juicio, hablar desde el yo y no desde el tú, poder expresar las cosas cuando pasan, no cuando has acumulado tanto que ya estás hasta el gorro, etc. Obviamente, ¡todo esto requiere práctica!

Un ejemplo. Cada día tienes que decir 20 veces que no deje los zapatos en medio del pasillo. Te puedes dirigir a tu hijo diciéndole: “¡Es que eres un desordenado! ¡Cada día lo mismo! ¡Al final un día me romperé un pie por tu culpa!” Estas frases sin querer: etiquetan, te pones de víctima para que él haga algo…porque estás muuuuuy cansado de que cada día sea así.

Otra opción, podría ser: “¡LOS ZAPATOS!” Con el tono alto, pero aquí no faltas al respeto y seguramente tu hijo ya sabe qué tiene que hacer. O también podrías decir: “¡Cada vez que veo los zapatos aquí en medio yo me enfado muuucho!” Una opción también puede ser decirlo fuerte, porque no, pero no pierdes el respeto, hablas de ti misma y lo dejas a las sus manos. ¡Ah! También algo importante es tener claro qué expectativas nos ponemos (que está en nuestras manos, y qué no) y podernos preguntar: ¿qué necesito?

 

8. Convivir con las rabietas de nuestros hijos, a menudo, se hace difícil. ¿Cómo podemos actuar ante éstas, sin que nuestras reacciones nos hagan sentir mal?

Cuando nuestros hijos se desbordan, es porque tienen una necesidad y no saben cómo transmitirla y lo hacen llorando, tirándose al suelo, rechazándonos, etc. Estas necesidades suelen ser por hambre, sobreestimulación, dolor, cansancio, etc. pero sobre todo, ¡por ganas de estar con nosotros en plenitud!

Suelen estallar cuando les marcas alguna norma, consigna, o cuando les dices no a algo, etc. Y una vez estallan, ¿qué? Primero hay que buscar la seguridad, que no se hagan daño y que no nos hagan. A continuación, tal y como he ido explicando antes, es necesario validar que están enfadados. Aunque a veces no tenemos tiempo, intentar hacer un pacto suficientemente bueno para ambos. Y si tenemos tiempo, tenemos que dejar que lloren, griten…y quedarnos con ellos, a su lado y respetar el silencio, respirar y respirar. Para no desbordarnos con ellos.

¡Ah! Y en este momento, razonar, negociar, amenazar, ignorar o castigar, no les ayuda a transitar sus emociones desbordadas. Sino pensemos en nosotros mismos cuando estamos muuuuy enfadadas. Si en ese momento nos castigan, ignoran, amenazan, nos intentan hacer razonar o quieren abrazar, ¿que nos provoca? (Vuelvo a la idea de pasar las situaciones por el filtro del adulto).

Mientras estamos a su lado, muchas veces no quieren que les toquemos. Sin embargo, de vez en cuando podemos ofrecerles si necesitan un abrazo, aunque seguramente digan que no. Hay que respetarlo, ¡ya llegará! Cuando nuestras reacciones no nos gustan, muchas veces es porque nos hemos enganchado al ruido (gritos, cuando nos apartan, no nos escuchan, palabrotas …) y comienza una lucha de egos que provoca que nos salgan estas reacciones que no nos gustan, y nos acabamos desbordando todos.

En resumen, poder respetar su emoción y espacio para luego poder hablar desde la comprensión. Y, ¿en caso de que nos golpeen y/o muerdan? Esto sí que debe limitarse, haciéndolo desde el respeto con una frase tipo: “los golpes a mí no me gustan” y apartar la mano. Frase corta, clara y desde el yo.

 

9. Poner en práctica tus recomendaciones debe tener un impacto positivo en nuestros hijos y también en el ambiente que se respira en casa. ¿Cómo se hace evidente que vamos en buena dirección?

Cuando en casa se respira la comprensión, la autocomprensión, el respeto, el autorespeto, la confianza, la autoconfianza, la empatía y el amor bajan los niveles de enojo y se pueden abordar las situaciones desde otro punto. Dicho así, parecen unos objetivos muy elevados, pero si cada uno se responsabiliza de sí mismo y mueve ficha, atreviéndose a hacer un pequeño movimiento, habrá cambios, estoy segura. Porque si nos dirigimos con respeto y confianza, la cooperación es más fácil que llegue.

También hay que ser consciente de que no siempre las cosas funcionan como uno esperaba. Y que la educación respetuosa no es una receta de cocina. Como decía antes, hay cosas que no están en nuestras manos y tenerlo presente también nos ayuda a relajarnos. Afortunadamente, cada día tenemos oportunidades para practicar y reflexionar. Creo que, con el autocuidado personal, con confianza y cuidado de nuestros niños, adolescentes jóvenes y entre adultos, se pueden promover relaciones respetuosas basadas en la empatía, el amor, la comunicación, la comprensión y la confianza.

Si esta entrevista te ha parecido interesante te invitamos a compartirla con otras madres y familias. 😉 Para más información, puedes ponerte en contacto con la Maria Goday a www.mariagoday.cat.

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